Necesitas (y necesitamos) crecer.

Todos los seres vivos crecen, porque el crecimiento es una característica de los seres vivos. Por eso los cristianos, para quienes nuestra vida espiritual no deja de ser una forma de vida, es de esperar que también crezcamos a lo largo de ella.



 

Hay una serie de características que comparte el crecimiento de los seres vivos (materiales o espirituales) y que conviene tener presente a fin de lograr, precisamente eso, crecer de modo armónico y a través de él, llegar a la madurez espiritual.

Todos los seres vivos normales crecen.

Es así de sencillo. Todos los seres vivos crecen, y aquellos que no lo hacen, son anormales (enanos o bonsais). Los animales crecen durante gran parte de su vida. Las plantas crecen toda la vida. Si nuestros hijos no crecen adecuadamente, nos preocupamos y les llevamos a los médicos para que les estudien. Como prueba de lo que digo, basta con mirar el vídeo que precede este texto para ver el crecimiento imparable de la planta. Crecer es lo normal en un ser vivo.

Como mencionaba unas líneas antes, la existencia espiritual propia de cada cristiano, no deja de ser una forma de vida, por tanto, como todo ser vivo, el cristiano normal debería crecer desde el instante de su nacimiento espiritual (conversión) hasta la llegada a la presencia del Señor.

A veces sorprende la cantidad de cristianos "enanos" espirituales que hay entre nosotros. Y lo que es peor, que muchos de ellos acepten su "enanismo espiritual", como consecuencia natural de la manera en que viven o de su condición personal. El cristiano debe crecer, o más exactamente, debe procurar crecer.

El crecimiento es una condición para la vida, no una consecuencia de ella.

Observa la semilla del vídeo. Para esa diminuta planta, crecer no es un proceso inevitable, sino intencionado. Lo primero que crece es la raíz, (no las flores, que son las últimas) y lo segundo, el tallo para poder salir del suelo cuanto antes y crear hojas con las que obtener luz.

Es sorprendente que, incluso una forma de vida nada inteligente como una planta, procura asegurarse el crecimiento. Es una especie de misterio, pero la planta "sabe" donde esta el suelo y hace crecer su raíz clavándose en él, mientras hace crecer los tallos "lejos de él". Crecer es la prioridad.

El crecimiento espiritual es condición para el desarrollo personal espiritual completo. A veces, terminamos pensando, no sé bien como, que el crecimiento normal es inevitable. Eso no es cierto.

Se crece como se quiere crecer.

Algunos experimentos sencillos que puedes hacer en casa, demuestran algo todavía más sorprendente, los tallos no crecen hacia arriba, sino hacia la luz (donde quiera que ésta esté). De hecho, en la terraza de nuestra casa tenemos una planta iluminada desigualmente por el sol, por eso tiene todas sus hojas del mismo lado del tallo, el lado iluminado. La propia planta decide hacia donde crecer. Su crecimiento no es no es casual ni azoroso.

El crecimiento espiritual debería ser inmediato desde la conversión, y nuestra mayor preocupación espiritual debería ser precisamente esa: crecer, para a través de él lograr todos los beneficios que el crecimiento comporta. Por eso, lo importante en este apartado es recordar que crecer, más aún, crecer bien, no es algo que suceda inevitablemente. Es algo que sucede intencionadamente: con esfuerzo, gasto de energía y tiempo. De algún modo, ese proverbio que afirma que "somos lo que comemos" tiene una derivación espiritual. Tu desarrollo espiritual depende de como alimentes tu espíritu. El secreto consiste en alimentarnos espiritualmente de verdades consistentes de las que obtener principios eternos sobre los que construir tu vida espiritual. Y es triste que, del mismo modo que hay jóvenes de 27 años que todavía se comportan como adolescentes, hay muchos cristianos que, debiendo ser maduros, se infantilizan espiritualmente a sí mismos, solo porque así lo deciden o porque descuidan su crecimiento.

El crecimiento es una actividad individual de cada ser vivo.

Esto es muy sencillo de entender. Podemos ayudarnos a crecer, pero nadie puede hacer crecer a otro. No es cuestión de "estirarle" el cuerpo. Es cuestión de que cada cristiano sea responsable y se proporcione a sí mismo conocimiento y principios bíblicos, aprendidos existencialmente, a modo de "nutrientes" que le hagan desarrollarse espiritualmente, con un vigor cada vez mayor hasta llegar a la plenitud cristiana. No se trata de asistir a muchas reuniones de la iglesia o escuchar 7 sermones por semana, lo cual puede no ser mala idea. Para crecer no necesitamos rodearnos de mucha comida, sino comer buena comida, en su justa cantidad y calidad.

Quien no come, no crece, quien no estudia la Biblia y se esfuerza por conocer al Dios de la Biblia, tampoco. Se trata de conocer, estudiar, creer y comprender, no de oír y saber. Si no creces, no alcanzas la plenitud ni la madurez cristianas.

El crecimiento ayuda a sobrevivir.

La semilla del vídeo que acompaña este artículo, es de roble. Mientras él ha crecido poco, puede ser aplastado simplemente con el pie sin ningún esfuerzo y terminar con su existencia. Incluso, aún siendo un roble, puede ser arrancado con una sola mano y ocasionarle la muerte. Pero a partir de cierto momento, el roble es tan grande que en lugar de aplastarlo con tu pie, puedes subirte en él, y arrancarlo del suelo con una mano, o con las dos, es imposible.

Crecer ayuda a sobrevivir soportando los avatares de la vida porque dota al cristiano de robustez y fortaleza para soportar los golpes y dificultades de la vida (que no dejamos de recibir por muy cristianos que seamos), para entender mejor tu propia existencia y comprender mejor a los demás. Por tanto, no le des más vueltas, crecer es prioritario a fin de disfrutar más plenamente de tu vida espiritual.

El crecimiento no es constante a lo largo de toda la vida.

No seas demasiado exigente contigo mismo. Si bien es cierto que todos los seres vivos crecen, también es cierto que hay periodos en la vida en que este crecimiento es rápido, lento, o en el que incluso deja de crecerse, aunque solo por periodos de tiempo limitados, retomándose de nuevo tiempo después.

Dios no te exige que crezcas espiritualmente cada día, pero Él sí espera que contemplando tu vida a gran escala, en largos periodos de tiempo, sí se haya producido crecimiento hacia la madurez espiritual. En este artículo no estamos fijando ninguna velocidad de crecimiento porque algunos cristianos crecen más deprisa que otros, pero pasado cierto tiempo, todos alcanzan la madurez espiritual, que es el objetivo de nuestro crecimiento.

Sí, el crecimiento es condición para alcanzar la madurez.

La madurez es un estado maravilloso que se caracteriza por la pérdida de la fragilidad espiritual y el logro de robustez y la plena espiritualidad (la cual no debe ser confundida, como tan errónea y frecuentemente sucede, con un estado de permanente de misticismo).

La madurez espiritual requiere de tres factores: (1) regeneración, (2) espiritualidad y (3) tiempo. Es en ese tiempo, durante el cual el cristiano crece desde la inmadurez a la madurez espiritual. Es de esperar que crezcamos durante unos pocos años antes de alcanzarla, si todo va bien. Si algo va mal, podemos pasarnos la vida en un enanismo cristiano que nos conduce al infantilismo espiritual. Supongo que no es eso lo que quieres para ti.

En 1 Corintios 2.15 aprendemos que "el hombre espiritual es el que juzga, examina y discierne las cosas" (o sea: su entorno) para sobrevivir mejor en él, incluso a pesar de la hostilidad del propio entorno y sin que nos importe ser juzgado por otros.

La inmadurez espiritual debería ser un periodo corto de nuestra vida cristiana, superado a través del crecimiento. Por eso, crecer es importante.

Tienes que crecer, hermano. ¡Tengo que crecer. Tenemos que crecer!

 

PV.