El ejemplo de Ana (Lucas 2:37-38).
Solo aparece la referencia a Ana en el Evangelio de Lucas. La historia ocurre cuando Jesús fue presentado en el templo de Jerusalén, conforme al rito de la Ley (Lc 2:22-24).
Y allí se encontraba Ana, que presenció el rito y escuchó la oración de Simeón, quien bendijo a Dios teniendo al niño en sus brazos (Lc 2:25-35).
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De Ana sabemos que:
- Era hija de Fenuel, de la tribu de Aser.
- Era de edad muy avanzada (más de 100 años).
- Estuvo 7 años casada; después enviudó, y así permaneció por otros 84 años más.
- Servía de noche y de día en el templo, con ayunos y oraciones.
- Era profetisa.
- Esperaba la redención en Jerusalén.
Su ejemplo:
- Esperaba al Redentor, Él era su razón de existir, su dicha, su mayor anhelo.
- Lo esperaba en el sitio correcto (el templo) y siguiendo los caminos de Dios en la Escrituras (ayunos y oraciones).
- Ponía el don otorgado por Dios (profetisa) al servicio del pueblo de Dios y bajo la dirección de su Espíritu.
- No desesperó en la espera, confiando en que la profecía se cumpliría (pasaron muchos años).
- Su respuesta al ver sus ojos al Redentor fue dar gracias a Dios y hablar del niño a todos los que esperaban la redención en Jerusalén.
Para meditar:
- ¿Qué esperamos nosotros? Ciertamente, podríamos contestar que se suplan necesidades de salud, de trabajo, de relación, materiales; y es humano y comprensible. Pero, la pregunta es, ¿En qué estado de fe nos encontramos?, ¿Esperamos encontrarnos cada día con Jesús, nuestro Redentor?
- ¿Esperamos el encuentro con Jesús en el sitio correcto (la iglesia, comunidad de fe) y siguiendo las enseñanzas de las Escrituras?
- ¿Ponemos nuestros dones otorgados por Dios al servicio de la iglesia y en el poder y dirección del Espíritu Santo?
- ¿Seguimos fortalecidos en la fe y en la esperanza, a pesar del paso de los años desde nuestro primer encuentro con Jesús? ¿Seguimos teniendo encuentros diarios con nuestro Redentor?
- ¿Hablamos de Jesús a todos los que esperan la redención en nuestro entorno? No por obligación, sino por amor a los que esperan (Hay muchas almas que esperan, aunque estén confusos, como lo estaban los judíos que esperaban un redentor político).
- Jesús vino al mundo para darnos vida (Jesús es la Vida), para iluminar nuestros corazones (Jesús es la Luz del mundo), para llevarnos de la mano por sus caminos (Jesús es el Camino), para guiarnos a toda la verdad (Jesús es la Verdad).
- La historia de Ana en el Evangelio no termina con su muerte, sino con una vida llena de gratitud a Dios y de fruto para vida eterna (Lc 2:38).
MAG
