El Reino de Dios y el Reino de los Cielos.

El Reino de Dios, a veces también llamado “Reino de los Cielos” es una realidad a la que repetidamente nos referimos en nuestras conversaciones cristianas. Sucede con él como con algunas otras realidades expresadas mediante conceptos muy usados y repetidos, que sorprendentemente no siempre son suficientemente comprendidos.
Por eso, en el día de hoy conviene reflexionar sobre el concepto de “El reino de Dios”, también llamado “Reino de los cielos”, y enunciar algunas de sus características más remarcables.

Antes de comenzar es preciso aclarar primero que las dos expresiones son sinónimas, y que “Reino de Dios” aparece 5 veces en Mateo, 15 en Marcos, 33 en Lucas y 1 en Juan. Por su parte “Reino de los cielos” aparece 33 veces en Mateo (esto es así al menos en la Reina Valera 1960). Claramente, Mateo prefiere la expresión “Reino de los cielos”, mientras que Lucas prefiere la expresión “Reino de Dios”.

Características del reino de los cielos.

Sucintamente, enumeramos las características más relevantes del reino de los cielos, o Reino de Dios:

    1. Lo primero, es que el reino de Dios no es un imperio humano y terrenal, porque no es un reino material de este mundo, Mt 8:11, 12; 21:43; Lc 17:21; Jn 18:36.

    2. El reino de Dios es una entidad espiritual. El reino de Dios es un reino espiritual porque se establece en los corazones y en las vidas de los creyentes.

    3. El reino de Dios es espiritual porque pretende un fin espiritual: la salvación de personas para que ingresen en la población del reino.

    4. El reino de Dios es espiritual porque está administrado espiritualmente mediante la Palabra de Dios y el Espíritu Santo.

    5. Como todos los reinos, El reino de Dios tiene ciudadanos, gobernadores y leyes. El gobernador es Jesucristo el Salvador, los ciudadanos son los regenerados y las leyes son los preceptos bíblicos.

    6. El reino de Dios está gobernado por el “Rey”: Cristo, a quien repetidamente se llama Cabeza de la Iglesia, naturalmente en un sentido figurado: el líder revestido de autoridad, Ef. 1:22; 4:15; 5:23; Col. 1:18; 2:19.

    7. El reino de Dios está fundado en la obra de la redención. No se origina en la obra creativa de Dios al principio de los tiempos, sino en su gracia redentora.

    8. Al reino de Dios se puede entrar solamente mediante regeneración espiritual: Juan 3: 3, 5. Ninguno es ciudadano de este reino por naturaleza ni en virtud de su humanidad ni méritos personales. Solamente los redimidos tienen este honor y privilegio. Cristo pagó el rescate por todos los que son suyos y mediante su Espíritu les aplica los méritos de su sacrificio perfecto. En consecuencia ellos, quienes le pertenecen y lo reconocen como su Señor y Rey, son los miembros de su reino.

    9. El reino de Dios es como una semilla arrojada en la tierra, Mr 4:26-29; como una semilla de mostaza, Mr. 4:30, o como levadura, Mt. 13:33. El reino crece con el tiempo y adquiere cada vez mayor esplendor y desarrollo.

    10. El reino de Dios es un reino presente y futuro: presente porque ya existe entre nosotros, y futuro porque su máximo esplendor todavía está por venir. Es por tanto una realidad escatológica. De hecho (y tristemente), el aspecto escatológico del reino es el más prominente de los dos, (Mt 7:21, 22; 19:23; 22:2-14; 25:1-13,34; Lc 22:29, 30; 1Co 6:9; 15:50; Ga 5:21; Ef 5:5, 1Ts 2:12; 2Tm 4:18; He 12 : 28 ; 2Pe 1:11). Esencialmente el futuro reino de Dios será como el presente, el gobierno de Dios establecido y reconocido en los corazones de los hombres. Pero al regreso de Jesucristo, este establecimiento y reconocimiento, serán perfectos, el poder de ese reino será manifestado plenamente, y el gobierno espiritual de Cristo encontrará su culminación en un reino visible y lleno de majestad. Claramente, es un error pensar que el reino de Dios se irá desarrollando gradualmente e imperceptiblemente hasta adquirir el esplendor futuro. La Biblia nos enseña que el reino de Dios irrumpirá en la humanidad futura en medio de un cataclismo mundial: Mt 24:21-44; Lc. 17:22-37; 21:5-33; 1Ts. 5:2,3; 2Pe 3:10-12.

    11. El reino de Dios es justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo, Ro 14:17.

    12. El reino de Dios es el reino de la verdad, Jn 18: 36, 37.

    13. El reino de Dios está estrechamente relacionado con la iglesia, aunque no es lo mismo que ella, porque es más que ella. La relación nace de que ciudadanos del reino son los cristianos de la iglesia universal. El reino de Dios es más amplio que la iglesia, puesto que aspira a la manifestación plena en todos los aspectos de la vida de cada uno de sus miembros. Podemos decir que la iglesia visible es la única organización externa al Reino instituida divinamente. Al mismo tiempo es también el medio dado por Dios para la extensión de su reino en la tierra. Por tanto la iglesia, está, o debería estar al servicio del reino de Dios.

    14. Los ciudadanos del reino de Dios se describen como pobres en espíritu, mansos, misericordiosos, pacificadores, limpios de corazón, y hambrientos y sedientos de justicia.

Es maravilloso pensar que el reino de Dios y pertenecer al mismo, tiene tres hermosas consecuencias para el cristiano que no quiero pasar por alto antes de terminar:

    1. En la medida en que Dios establece su reino en los corazones de los pecadores crea para sí mismo un reino en el que Él gobierna y en el que Él dispensa los más grandes privilegios y las más escogidas bendiciones.

    2. En la medida en la que el hombre responde al gobierno de Dios y obedece las leyes del reino se produce, naturalmente, una nueva condición de cosas. De hecho, si todos los que son ciudadanos del Reino obedecieran verdaderamente, sus leyes en todos los dominios de la vida, el mundo sería completamente diferente.

    3. Desde este momento, el reino de los cielos está más cerca de lo que lo ha estado antes porque Dios ha tendido la mano a la humanidad y se ha hecho más accesible.


PV

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