Cristianismo: historia de una persecución.

Hace 2000 años que nuestro fundador, Jesucristo, fue asesinado. 11 de los 12 colaboradores cercanos por él escogidos y convertidos en apóstoles del cristianismo, también fueron asesinados. El decimosegundo murió desterrado en una minúscula isla de 16 Km de longitud, deshabitada y convertida en penal.

Casi al mismo tiempo, los primeros cristianos, seguidores de ellos, también eran perseguidos y asesinados por los mismos judíos que mataron a Jesucristo. Tratando de sobrevivir, estos cristianos se dispersaron por todo el imperio romano, dispersando también con ellos el cristianismo, y muy poco después, el imperio romano, desencadenó una feroz persecución de siglos de duración en la que aniquiló cristianos: aquellos que se reunían en cementerios subterráneos (catacumbas). Todos hemos oído de las ejecuciones masivas, realizadas como espectáculos públicos en el circo de Roma.

No muchos siglos después, incluso se organizó una cruzada (la albiguense) que, a diferencia de las restantes, fue ideada, planeada y dirigida por el papado contra herejes cristianos europeos. Más tarde, y ya en nuestro país, la inquisición ejerció una implacable represión social contra los cristianos disidentes con el cristianismo católico (entre otros). Muchos de nuestros antepasados espirituales fueron ejecutados y quemados vivos en la hoguera por herejes como la historia enseña.

Durante los 70 primeros años del siglo XX, en nuestro país (España), todavía había persecución y encarcelamientos de cristianos no católicos (protestantes, aunque afortunadamente ya sin muertes). Muchos de nosotros conocemos todavía personas a las que se les negó documentación para casarse o para registrar a sus hijos recién nacidos, personas que fueron forzadas a abandonar sus ciudades o viviendas de origen, que fueron detenidas, interrogadas, encarceladas, que cuando morían, eran enterradas en cementerios “a parte”. Algunas iglesias protestantes (evangélicas) incluso fueron expropiadas como parte de esa persecución contra los “protestantes”. También es cierto que algunas de ellas fueron devueltas a sus legítimos propietarios años después.

Hoy, en nuestra ingenuidad, pensamos que todo esto ha terminado solo porque no sucede a nuestro alrededor, o porque “no sale por televisión”. Habiéndolo olvidado, ignoramos que los cristianos hemos sido, y somos todavía, el grupo más perseguido en este planeta desde su fundación hasta el día de hoy. Ignoramos, tal vez, que existe una tristemente célebre lista de 50 países, al menos, casi todos ellos miembros de la ONU, y muchos firmantes de la declaración universal de los derechos humanos, donde los cristianos somos perseguidos, encarcelados e incluso asesinados todavía hoy solo por eso: ser cristianos. Sí, es cierto que en nuestro país somos tolerados como nunca antes, pero también es cierto que esa situación tal vez podría cambiar en el futuro y que no es la experiencia de muchos cristianos en otros lugares del mundo en este momento.

No es noticia en los medios que el anti-cristianismo persigue a 260 millones de cristianos en todo el mundo solo por lo que creen (de acuerdo con Puertas Abiertas), o que el 80% de todos los actos de discriminación religiosa se dirigen contra los cristianos, quienes solo representamos el 30% de la población mundial (según la international society for human rights). Incluso asombra reconocer que Boko Haram y sus grupos afines han matado más cristianos en Nigeria que el estado islámico (ISIS) en Siria e Irak juntos (allarab.news, worldwatchmonitor.org, genocidewatch.com).

Y es que la persecución contra los cristianos, por un lado se intensifica y por otro se extiende (según la BBC) y el único motivo por el que, tal vez nosotros no somos perseguidos, de momento, es por haber nacido en esta parte del mundo en este momento de la historia.

No es la pretensión de este artículo crear animadversión contra ninguna persona ni institución porque eso no es propio de cristianos. Lo que sí es pretensión de este artículo es traer a la mente del lector, no a la memoria, porque no son recuerdo, los millones de hermanos espirituales nuestros que pagan todos los días el precio de su fe con sufrimiento personal. Pretendo que recuerdes que hoy miles han sufrido y algunos han muerto “sin salir por televisión” la historia de los cuales solo conoces si rebuscas en internet.

Sí, pretendo que les tengas presentes, que ores por ellos, que ores sobre todo por quienes les producen daño sin saber que, al final se producen daño a sí mismos. Pretendo que no les tengas pena, sino admiración, porque ellos, heroicamente, son los mártires contemporáneos de nuestra fe. El ejemplo de quienes pagan el precio más alto por el seguimiento a su maestro: Jesús.


mapa-mundial-persecucion-2020
Mapa de la persecución en el mundo.



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