¡Cuán profundo es tu amor Señor!

Vivimos tan ocupados en nuestros planes de vida, en nuestros problemas de cada día, que
apenas nos ponemos a pensar en dar respuesta a preguntas transcendentales sobre nuestro
origen, de dónde venimos y a dónde vamos.

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El primer libre de la Biblia es Génesis. En los primeros capítulos encontramos el relato de la creación; pero notemos que Dios puso al hombre y a la mujer en el centro de la Creación para que la gobernaran con sabiduría. En Génesis 1:28, 31 y 2:15 leemos:

"Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.

Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase.

Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera".

Dios creó al hombre y a la mujer para tener una relación personal con él en amor perfecto. Le encomendó el cuidado de su creación, por lo que es de subrayar la responsabilidad de cuidar de nuestro mundo, pues es un regalo de Dios.

El amor de Dios solo tiene su aplicación perfecta en su plan divino, pues lejos de él el hombre sufre la muerte, cada día y por la eternidad.

Dios plantó en el huerto todo tipo de árbol para poder comer. Además, plantó dos árboles especiales: el Árbol de la Vida y el Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal. Adán y Eva podían comer de todos los árboles, excepto del Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal.

El hombre dudó de la bondad de Dios, de su plan perfecto de amor y desobedeció. La consecuencia ya avisada fue la expulsión del Paraíso y la muerte espiritual y física que contaminó sus vidas y toda la creación fuera del Paraíso.
Pero Dios seguía amando al hombre y a la mujer que había creado y a su descendencia. Y tanto nos amó que dio a su Hijo por nosotros. En Juan 3:16 leemos:

"Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna".

En Apocalipsis 2:7 leemos:

"El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios".

Y en Apocalipsis 22:2 leemos:

"En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones".

El Señor en su infinito amor nos ha dado vida eterna juntamente con Cristo y ha preparado un lugar para nosotros donde podremos gustar del árbol de la vida y tener una comunión perfecta con nuestro Dios. Cristo lo ha hecho posible a través de su sacrificio redentor.

¿Cómo podremos entender la profundidad de tanto amor?

En Efesios 3:14-21 leemos:

"Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra, para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios.

Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en
nosotros, a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén".


MAG

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