Principios generales sobre el descubrimiento de los dones y su ejercicio (1/2).

La palabra griega para don espiritual (carisma) está relacionada con la gracia (caris), porque caris significa "gracia"; no en el sentido de “simpatía” o “alegría” sino como “gracia soberana”, es decir, el favor sobrenatural y gratuito que Dios concede al hombre para ponerlo en el camino de la salvación.

 
Fotografía de Zac Durant, @zacdurant en unsplash.com

Por lo tanto todo don espiritual proviene de esa gracia. Generalmente, se usa con referencia a los dones especiales o las capacidades que Dios da a los hombres, y, con la sola excepción de 1 Pedro 4: 10, en el Nuevo Testamento sólo Pablo usa la palabra. Cuando se refiere a un don para el servicio, parece incluir los talentos naturales con los que se nace (como en Efesios 4, donde se pone el énfasis en los hombres dotados), como también los talentos que se otorgan en el momento de la salvación. De manera que el don espiritual se puede definir como la capacidad para servir dada por Dios. Su origen está en Dios; se trata de una habilidad especial, ya sea natural o sobrenatural; y su fin es que rinda frutos en el servicio a Él.

Lo que no es el “don espiritual”

El don espiritual no es un lugar de servicio, sino una capacidad.

Con frecuencia se piensa que el don del pastor, por ejemplo, es lo mismo que el pastorado, o sea el ejercicio del don. Pero esto no es así, porque una cosa es el don (pastorado, la capacidad) y la otra las condiciones en que se ejerce (pastor, el ministerio).

Fundamentalmente, un don espiritual no es un ministerio orientado a un grupo social particular.

No creo que exista el don espiritual de la obra entre la juventud o la niñez. Si lo hubiera, tendría que haber uno también para los ancianos, y esa distinción no aparece en la Biblia. Los niños, los jóvenes, los adultos y los ancianos, todos necesitan por igual el beneficio de los dones del pastor, el maestro y otros ministros de la iglesia. Lo que sí hay, son personas que orientan su ministerio a sectores particulares de la iglesia o la población, pero no porque su don sea “diferente” del de otro hermano que se dedica a otro segmento de la población eclesial o social, sino porque lo invierten en campos distintos.

Un don no es una habilidad natural ni una afición.

Es una capacitación divina para ejercer un ministerio con más excelencia y eficiencia que cualquier otra persona de tu iglesia. Es distinto a una habilidad personal adquirida o innata. Recuerda que ser el mejor profesor de las universidades de Madrid, no te convierte en el mejor predicador de las iglesias Madrid. Ten cuidado de ti mismo y recuerda su nombre “don”, no es un mérito propio. Tú solo lo administras.

Lo que sí es un don espiritual

Don es una capacidad dada por Dios para servir al cuerpo de Cristo. Dios nos capacita especialmente para servir. No es una capacidad natural (talento) que viene con el primer nacimiento, sino una capacidad sobrenatural que viene con el segundo nacimiento (espiritual).

Los dones espirituales son capacidades sobrenaturales de servicio dadas por Dios, a cada hijo de Dios, con la finalidad de edificar a los demás hermanos que conforman el cuerpo de Cristo. No son dados para auto-beneficio del que lo posee, sino para servir a otros.

“Don” significa “regalo, dádiva o presente” que se le hace alguien, generalmente de manera inmerecida. Este no es su significado teológico, pero conviene tenerlo presente porque sí ayuda a entender su significado teológico. Los dones los llamamos así por eso: son dones de Dios al cristiano.

Además de esa definición que acabamos de crear, hay algunas otras, ciertamente memorables, que conviene ahora recordar:

Definición de Charles Charles C. Ryrie (Teología Básica p. 420):

“Un don espiritual es una habilidad dada por Dios para servicio. “Dada por Dios” nos recuerda que Cristo y el Espíritu Santo son los dadores de los dones, y “para el servicio” intenta captar el énfasis que se halla en los pasajes centrales de que los dones han de usarse en servir al cuerpo de Cristo”.

Definición de John MacArthur (Dones espirituales, p. 24):

“Los dones espirituales son habilidades, capacidades sobrenaturales que provienen de Dios, que son concedidas por gracia, que deben ser controladas por el Espíritu Santo, que se conceden con el propósito de servir a la iglesia como un cuerpo; los dones reciben su energía de Dios”.

Definición de John Stott (Sed llenos del Espíritu Santo p. 82):

“Los dones son ciertas capacidades, otorgadas por la gracia y por el poder de Dios, que capacitan a los creyentes para un servicio específico. El don espiritual no es pues lo que el hombre puede hacer bajo condiciones favorables, sino que más bien revela lo que Dios puede conceder en su gracia”.

La distribución de los dones tiene condiciones.

La distribución de los dones está sujeta a la dirección soberana del Espíritu Santo. “Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere” (1 Corintios 12:11). No obstante, hay ciertas limitaciones en el método que emplea el Espíritu para la distribución de los dones que provienen de su propia naturaleza y debemos conocer:

  1. Hay limitación en cuanto al agente que los otorga: como hemos expresado, es Espíritu Santo el agente que otorga los dones.

  2. Quien no ha nacido de nuevo, no tiene dones.

  3. Los dones son mérito de Dios, el cristiano solo lo administra bien en el mejor de los casos. El problema es que frecuentemente el cristiano se llena de engreimiento y considera el don un talento propio y su ejercicio un triunfo personal.

  4. El humano puede colaborar en el desarrollo de sus dones, pero en última instancia la fuente definitiva de todos los dones espirituales es el Espíritu.

  5. El cristiano puede (y debe) desarrollar su don, pero también puede (y no debe) malgastarlo por no utilizarlo o utilizarlo mal.

  6. Todo cristiano tiene, al menos, un don.

  7. Hay limitación en cuanto a su extensión. Es evidente que ninguna persona ostenta todos los dones espirituales.

  8. Es igualmente cierto que todo cristiano puede tener y ejercitar varios dones a la vez (1 Pe 4:10).

  9. Si no todos los cristianos tienen todos los dones, en consecuencia tampoco todas las iglesias tienen, necesariamente, todos los dones.

Los dones parecen estar limitados en el tiempo.

Si un cristiano no tiene todos los dones, seguramente es correcto pensar que todas las generaciones de creyentes tampoco posean todos los dones. Esta idea adquiere fuerza en Efesios 2:20 donde dice que el Espíritu no le ha dado todos los dones a cada una de las generaciones de creyentes. En la iglesia primitiva hubo dones iniciales de apóstol y profeta (Efesios 2:20), necesarios para poner los fundamentos, que no aparecen en los períodos posteriores de construcción de la iglesia. Los contemporáneos de Jesús evidenciaron ciertos dones milagrosos del Espíritu que no fueron evidenciados por la generación siguiente (Hechos 2:3-4). En honor a la verdad, no es argumento válido decir que todos los dones tienen que estar presentes en cada generación de la historia de la iglesia a fin de que ninguna generación de creyentes se vea perjudicada. Cuando se da un don una sola vez, lo recibe toda la iglesia universal. Por ejemplo, el don del apostolado que recibió Pablo es un don para toda la iglesia en todas las generaciones. Todavía hoy nos beneficiamos con ese don dado una sola vez en el primer siglo.

Las listas de dones de la Biblia, no son cerradas.

Clásicamente, cuando hablamos de dones, recordamos la regla “12-12-4-4”, (recuérdala: Romanos 12, 1 Corintios 12, Efesios 4 y 1 Pedro 4). En esos pasajes encontramos listas de dones que, en mi opinión, son ejemplos de los dones de aquella generación presentes en las iglesias de su cultura. Mucho hemos polemizado los cristianos en torno a cesacionismo o no de ciertos dones y casi siempre por error, hemos usado las listas del Nuevo Testamento como argumento para justificar la vigencia (continuismo) de cierto don hasta nuestros días.

Sustento esta afirmación en el hecho que ni Pablo ni Pedro mencionen en sus escritos que sus listas son “catálogos completos y cerrados” de dones. Somos los cristianos occidentales del S. XXI quienes hacemos esa suposición. Por otro lado, dado que los cristianos viven en sociedades cambiantes (en el tiempo y el espacio) y el Espíritu Santo cada vez nos capacita uno a uno, para ejercer un don de ministerio y servicio a Dios. Si es entorno es cambiante, ¿qué motivo hay para pensar que todos los dones son permanentes? Lo lógico (y Dios es lógico), es que en un entorno cambiante se concedan dones cambiantes, siempre oportunos, para lograr una y otra vez el mismo fin ya descrito, pero de distintas formas. Sí, el don justifica el propósito.

Por último, si no todos los cristianos tienen todos los dones, ni los mismos dones, ¿por qué esos dones deben perpetuarse a través de la historia?

Termino esta compleja y demasiado abreviada sección con un ejemplo. En 1 Corintios 12:10, Pablo reconoce como uno de los dones el “hacer milagros”. Es decir, que ciertas personas podían hacer milagros en el siglo primero como los narrados en los evangelios, o como alguno de los que hizo el propio Pablo en Hechos. Eran milagros incontestables, evidentes y sobre todo espectaculares “obras de magia” (lo digo con santo respeto) que dejaban perplejo a todo el que los presenciaba. Yo sé que es controvertido lo que voy a decir, pero: creo he visto hacer milagros a Dios en varias ocasiones, pero nunca he visto a ninguna persona hacer milagros como los del siglo I.

Eso me hace pensar que tal vez el don de hacer milagros no esté vigente hoy, aunque Dios sigue haciendo milagros entre nosotros, pero, por lo que veo, no hay cristianos que los hagan como en el siglo I. Por eso pienso que, no todos los dones son para siempre.

continuará...

 

PV

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