El amor
Una de las fórmulas usadas en los votos de la ceremonia del matrimonio dice:
Novio: “(Nombre de la novia), yo te recibo como esposa y prometo amarte fielmente durante toda mi vida”.
Novia: “(Nombre del novio), yo te recibo como esposo y prometo amarte fielmente durante toda mi vida”.
En el Antiguo Testamento, encontramos el uso de la alegoría el amor de los novios para ayudarnos a entender el amor entre Dios y su pueblo (Cantar de los Cantares; Jer. 31:4). En el Nuevo Testamento, la misma alegoría se utiliza para expresar el amor entre Cristo y su Iglesia (Ef. 5:25, Ap. 19:7-8).
Poetas, como nuestro místico San Juan de la Cruz, se han inspirado en esta preciosa relación de amor entre Cristo y su Iglesia para componer sus obras.
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Las alegorías sirven para entender una idea con ejemplos cotidianos. El amor con que Dios nos ama es tan profundo que para el limitado entendimiento humano es difícil de entender en su plenitud y, por ello, necesitamos de la ayuda de estas alegorías y, sobre todo, de la luz del Espíritu Santo. Pablo ora a Dios por los creyentes efesios para que puedan entender el amor divino:
“...seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios (Ef. 3:18-19).”
Preparando este estudio, mi mente se trasladó en el tiempo al día de mi boda, cuando expresé los votos de amor a la que sería mi esposa. Han pasado 44 años y doy gracias a Dios por que Yolanda y yo seguimos amándonos con el amor con el que Cristo nos unió.
Pero el amor también lo encontramos entre padres e hijos y demás familiares, entre amigos, compañeros de trabajo y estudio, vecinos... ¡Qué horrible sería un mundo sin amor! De hecho, no puedo pensar en mejor descripción del infierno como el lugar donde no hay amor, sino todo lo que se opone al amor: odio, envidia, egoísmo, rencor, contiendas, disensiones...
Un pasaje muy utilizado en la ceremonia de las bodas, 1a Co. 13, nos habla de como es el amor y de su preminencia:
“El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”.
La sociedad de consumo en la que estamos inmersos no hace creer que sólo con la posesión de los bienes materiales podemos ser felices. Para ello, crea en nosotros una necesidad de posesión de bienes que no son de primera necesidad, dejando vació nuestro corazón que solo puede ser llenado con el amor de Dios.
Dios es el autor del amor; de hecho, es parte de su esencia, ya que Dios es Amor (1a Jn. 4:8). El mensaje que Dios me ha dado para compartir es que nos gocemos en el amor de Dios, que sepamos verlo cada día en nuestra vida diaria y demos gracias al Señor por su preciado tesoro.
Bendiciones.
MAG
