¿Existe el secreto de la felicidad?

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Hace como un mes, el 11 de julio de 2021 se predicó en nuestra iglesia un sermón en el que se afirma que el secreto de la felicidad, uno de los sentimientos humanos más nobles e importantes, no está en la búsqueda directa de la propia felicidad como tal, sino que ésta es consecuencia del conocimiento (y aplicación, claro está, a la propia vida) de ese conocimiento de la voluntad de Dios para uno mismo.

Yo estoy de acuerdo con ese punto de vista. De hecho creo que Jesús lo enseña también en Juan 13, y vale la pena dedicar unas cuantas líneas a considerarlo. Después de lavar los pies de los discípulos y antes de la última cena, nuestro Señor hace un comentario muy interesante:

Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis.” (Juan 13:17).

En relación a las enseñanzas impartidas a los discípulos. Pero antes de seguir adelante, es necesario recordar algunos detalles previos:

  1. “Bienaventurado” significa “feliz”.
  2. En toda persona podemos distinguir tres esferas: la intelectual (relacionada con el conocimiento), la conductual (relacionada con la ética y como vive) y la emocional (relacionada con los sentimientos que experimenta).

Teniendo en cuenta lo dicho y aplicándolo a la frase de Jesús, descubrimos que en ella se hacen tres cosas:

  1. Por un lado combina esas tres esferas importantes de la persona: la intelectual (sabéis), la emocional (bienaventurado) con la conductual (hiciereis).
  2. Por otro lado condiciona la segunda (emocional) a la tercera (conductual).
  3. En tercer lugar, retóricamente altera el orden de la frase, aunque esta alteración no modifica el orden lógico causal de los elementos que se mencionan en el razonamiento que propone.

En efecto, no nos confundamos con la retórica de la frase: “sabéis” es la primera esfera en mencionarse y la causa de las otras dos. “Bienaventurados” (emocional), que aparece en segundo lugar, está condicionado mediante la partícula “si” a la tercera, la conductual “hiciereis”.

Creo que de una manera más plana, esa frase podría escribirse también del siguiente modo:

Si sabéis estas cosas y las hacéis, bienaventurados seréis”.

De hecho, la versión Reina Valera contemporánea entre otras, descubro que casi la traduce así:

Si saben estas cosas, y las hacen, serán bienaventurados.”

En consecuencia, el orden lógico de la frase, que es el que importa, es como resulta:

intelectual – conductual – emocional.

Y, para concluir, formulémoslo en otras palabras, a modo de lema:

Un conocimiento correcto, expresado en una conducta correcta, produce un sentimiento correcto.

En lugar de afanarnos por buscar, a veces insatisfactoriamente, la felicidad de manera directa, seríamos más felices si nos preocupásemos simplemente por tener pensamientos correctos en nuestra mente (esto es, emanados de la Palabra de Dios y los principios que de ella se extraen), que generen conductas correctas (esto es, que complazcan a Dios), los cuales nos harían sentir felices, sin más.

Este lema también tiene una lectura inversa: si no tenemos pensamientos correctos, no vivimos vidas íntegras, ya no hay garantía de experimentar felicidad alguna.

Todo cristiano debería aplicar y ninguno debería olvidar el lema anterior. De él podemos derivar muchas aplicaciones que ahora no vamos a exponer, pero que el lector podrá deducir fácilmente. Esperamos que lo haga y no las olvide.



PV

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