Principios generales sobre el descubrimiento de los dones y su ejercicio (2/2).

Este artículo es continuación del publicado el mes anterior con el mismo título.

La palabra griega para don espiritual (carisma) está relacionada con la gracia (caris), porque caris significa "gracia"; no en el sentido de “simpatía” o “alegría” sino como “gracia soberana”, es decir, el favor sobrenatural y gratuito que Dios concede al hombre para ponerlo en el camino de la salvación.

 

Fotografía de Zac Durant, @zacdurant en unsplash.com

Sobre Dios, y como reparte dones a sus hijos.

Dios reparte dones soberanamente a sus hijos.

El Espíritu reparte los dones a cada uno en particular como Él quiere. 1 Corintios 12:7-8, 11.

Todos tenemos al menos un don que debemos descubrir.

1 Corintios 12: 7, afirma que cada creyente tiene por lo menos un don; el versículo 11 señala que el Espíritu de Dios reparte a cada uno en forma particular como Él lo desea.

Es urgente que descubras tu don (o tus dones). Cualquier cristiano, en cuanto termina su discipulado y alcanza la madurez espiritual, debería iniciar el proceso de descubrimiento de su don. Porque todos tenemos, al menos, un don, y esto no excluye a ningún cristiano. Tienes que ejercerlo ya, para beneficio de nuestra iglesia.

Todos tenemos el deber de ejercer nuestro don (o dones) en la iglesia.

“Cada uno” incluye a la totalidad de los miembros de la iglesia, sin distinción.

Ningún don es más importante que otro.

Aunque sí son mejores (¿preferibles?) los dones que tienen que ver con el ministerio directo a personas.

Las listas de dones que aparecen en la Biblia son solo ejemplos.

En mi opinión, las listas de dones que aparece en la Biblia son solo ejemplos de dones, no listas completas de ellos, (de hecho, las distintas listas en diferentes pasajes del Nuevo Testamento, no coinciden). Personalmente pienso que dado que las necesidades y las características de los cristianos e iglesias cambian con el tiempo y la cultura, los dones también cambian. Por eso no es posible hacer una lista completa de ellos.

Los dones son diversos.

Hay muchos dones (Ro 12:6), no uno solo. Algunos tienen que ver con personas, otros con administración, otros con organización, otros con dirección de la congregación … es una lista larga.

Nadie elije el don/dones que tiene, porque le son donados (don, de donado).

Tienes que descubrir, admitir y ejercer el don que has recibido.

Reconocer el don que uno tiene no es ser poco modesto ni pecaminoso.

Lo pecaminoso es llenarse de orgullo y pensar que el don es una habilidad personal que te hace superior.

Sobre ti, el descubrimiento y el ejercicio de tu don:

La posesión y ejercicio de un don no es un mérito personal.

Es un regalo de Dios. Procura no envanecerte “por lo bien que lo haces”.

De alguna manera: Dios y la iglesia usan al cristiano para que ejerza el don.

En cierto sentido creo que Dios capacita al cristiano y lo utiliza (literalmente: sin forzarlo, aunque suene manipulador) para que esa persona, ejerciendo su don, edifique su iglesia. En cierta forma, Dios utiliza el don a través del cristiano para el servicio a otros. Nunca es al revés: mi don no es para mi beneficio personal.

La mejor manera de descubrir tu don es sirviendo en la iglesia.

Difícilmente descubrirás tu don orando solamente.

Lo ideal es que tu ministerio sea, exactamente, tu don.

Tristemente, en casi todas las iglesias, muchas personas tienen que ejercer ministerios que no son su don, solo porque quienes tienen los dones no los ejercen. Eso es malo para todos.

Si no ejerces tu don, todos somos perjudicados.

Dios no te fuerza a ejercer tu don. Puedes negarte y pasarte la vida en la iglesia sin ministrarnos y viviendo una vida espiritualmente mediocre sin hacer aquello para lo que estás divinamente capacitado/a, pero, entonces, seguramente, otro hermano/a tendrá que hacer el ministerio que tú deberías hacer, peor de lo que tú lo harías, porque tal vez no tenga el don. Y si los dos tenéis es don, todos seríamos doblemente beneficiados. Lo ves: si no ejerces tu don, todos somos perjudicados. Tenlo presente.

Sé humilde en el ministerio.

Enorgullecerte del don que posees es pecado y entristece al Espíritu Santo. Ten cuidado, dada la debilidad humana, la falta de humildad en el uso de los dones es un pecado frecuente entre nosotros.

Tal vez no seas la única persona en la iglesia con ese don.

La Biblia no dice que los dones sean exclusivos de cada persona de la iglesia. Por eso evita la competitividad y la rivalidad. Procura la colaboración en el servicio.

Muéstrate dispuesto a enseñar a otros y compartir la experiencia de tu don con ellos.

La disponibilidad a ceder tu ministerio a otros es la prueba de tu humildad y falta de deseo de protagonismo. Antes o después, Dios levantará otras personas que harán lo mismo que haces tú y te sustituirán. No tengas apego al ministerio, es insano. Mi consejo es: “ministra hoy con todas tus fuerzas, pensando que tal vez sea la última vez que lo hagas”.

Es bueno preguntar a otros por los efectos del ejercicio de tu don.

Pregunta a personas honestas, maduras y de confianza que valoren tu ministerio y te orienten en tu descubrimiento del don.
Es bueno seguir las instrucciones de los ancianos sobre el ejercicio de tu don.
Nuestros pastores son personas especialmente indicadas para dirigirte en el descubrimiento de tus dones. Habla con ellos y sigue sus indicaciones, aún cuando te desagraden o no sean las que esperas recibir.

El ministerio (servicio) debe ajustarse al don y no al revés.

El principio es “Este don tienes, así sirves” y no al revés, como a veces nos pasa: “Esto me gusta, este don busco”.

No todos tenemos los mismos dones (seguro), y probablemente, no todos tenemos la misma cantidad de dones.

Eso ha sido dicho, pero conviene que quede claro una vez más. Quien tenga muchos dones, tiene muchos ministerios en los que servir, quien tenga pocos dones tiene pocos ministerios en los que servir. El/los ministerios son proporcionales a los dones. Pero no pasa nada: Quien tiene muchos dones, también tiene muchas capacidades, así que puede llevarlos todos adelante.

Ejerce tu don con responsabilidad.

Ministra de modo que dentro de 150 años, si vuelvo, te encuentre sirviendo con la misma dedicación, firmeza, ilusión, dignidad e integridad que el primer día.

Ejerce tu don con excelencia.

El que la iglesia sea una familia espiritual y que todo cuanto hagamos quede “en casa”, porque lo hacemos entre nosotros y para nosotros, no significa que debamos hacerlo de cualquier manera. El buen administrador es aquel que rentabiliza los recursos. Es decir: que saca el máximo beneficio de lo que tiene. Debemos ministrarnos los unos a los otros como buenos administradores, esto es con esmero, buscando la excelencia.  Minístranos de modo que seas un ejemplo a tus sucesores dentro de 200 años.

El don es una responsabilidad.

No conviene ser irresponsables con las responsabilidades recibidas de Dios. ¿No te parece?

… Pero el don también es un honor.

Y ya verás que, servir a Dios en su iglesia, produce felicidad y satisfacción como pocas cosas en la vida.

Sobre la finalidad de los dones.

El don sirve para edificar a la iglesia.

El Espíritu utiliza los dones para edificación de la Iglesia, el desarrollo de la imagen de Cristo en cada creyente y la extensión de la iglesia en el mundo.

Los dones se ejercitan en la iglesia, no fuera de ella.

“minístrelo a los otros” Los dones no necesariamente se ejercen dentro de nuestro edificio, pero, desde luego, se usan dentro de ella: en sus ministerios.
El don se expresa en un ministerio práctico de servicio a la congregación o en el ámbito de los ministerios de ella (por definición). Por tanto, cualquier habilidad o talento que, por naturaleza, no pueda usarse para la iglesia (expresarse en ella), no es un don, y si puede usarse para la iglesia y no se hace, entonces estás privando a la iglesia de él y malgastando tu don.

El ejercicio del don realiza al cristiano que lo practica.

Con esto quiero decir que el don satisface al creyente que lo ejercita. Satisfacer no quiere decir enorgullecer, quiere decir “experimentar felicidad y alegría”. A veces nos sentimos culpables de orgullo por estar satisfechos de algo. Es un error, un lío mental que conviene corregir.
El creyente que ejerce su don, por estar divinamente dotado y cualificado para él, realmente destaca sobre el resto de los hermanos de la iglesia en ese ministerio (don). Como consecuencia de lo cual, produce un extraordinario efecto de edificación y bendición sobre los demás hermanos, superior al que produce cualquier otro hermano de la iglesia que intente hacer lo que él hace.
Para decirlo en palabras de la calle: “nos ministra como pocos en la vida y seguramente, mejor que nadie en la iglesia”.
Cuando ministres tu don, mejor que casi nadie, no debes pensar ¡qué bien lo hago, que fantástico soy! Porque eso alimenta tu ego y es peligroso, pero no hay nada malo en decirte ¡que alegría: que bendecidos resultan mis hermanos cuando lo hago...!

El ejercicio del don glorifica a Dios.

(1 Pedro 4:11) Pedro deja claro que el fin último del ejercicio del don en el ministerio, es dar gloria a Dios. No la gloria personal. Esto es especialmente importante tenerlo presente, porque el peligro siempre presente del ejercicio del don es que, por tener el cristiano en cuestión una brillantez innata, claramente “superior” al resto de sus hermanos, puede envanecerse, creyendo que “él es la estrella de rock and roll” que su don es mérito personal, y que él es realmente mejor, llenándose de orgullo, vanidad y engreimiento que a la postre le incapacitan para el ministerio.

Más enseñanzas sobre dones.

Hay 4 capítulos clásicos del Nuevo Testamento con enseñanza sobre dones: Romanos 12, 1 Corintios 12, Efesios 4 y 1 Pedro 4. Son fáciles de recorar: 12, 12, 4, 4.


PV.

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